
Tercera Hora.
Todos, de una forma u otra, siempre estamos involucrados en las vidas de otras personas, y esa influencia puede definir el destino de un ser, ciertas personas piensan en la rareza de sus espíritus, pero pocos se enfrentan a la verdad de su alma.
Esa pregunta se la repetía Rodrigo a diario, pues la gente le decía quien era porque se juntaba con gente de mala reputación, en la mente de Rodrigo, sabía que esas malas reputaciones eran bien fundadas, pero él no pertenecía a ese extraño gremio, pero como dicta el viejo refrán, “dime con quién andas y te diré quién eres”
Ese día, Rodrigo lo descubriría.
Con las garantías suspendidas, los malos personajes podían ser responsables de sus propios actos ensanchando su reputación, y sin miedo alguno hacer reprendidos, pero no todo sale como se planea,
En las escaleras de aquel lugar, donde la gente deambula cotidianamente, se planeaba establecer un precedente, y como todo en aquel lugar, los precedentes se establecían con sangre.
Un bien reconocido ladrón, planeo convertirse en homicida, aprovechándose de la ventaja que le brindaba la suspensión de las garantías, aquel suceso era abominable, así que naturalmente atrajo a varios muchachos que ansiaban ver como se perdía una vida humana.
Rodrigo venia de comprar un encargo, subía lentamente, pensando en lo lejana que sus metas se encontraban, tarareaba una canción que nadie conocía, mientras sostenía la bolsa de panes que su madre le encargo.
En lo estrecho de la escalera toda podían verse en línea recta, pero aun así algunos ven solo lo que desean, el aspirante a homicida elige por fin a su víctima, un señor tranquilo como cualquiera que se vea en la calle hoy día, sin aspiraciones excesivas pero con pésima suerte.
Rodrigo quien miraba la espalda de aquel triste condenado, sonreía pues vio a uno de sus amigos no recomendados.
El aspirante a homicida saco su arma, un cuchillo enorme que planeaba enterrar en el corazón de su atolondrada víctima, bajo un escalón mientras la tención crecía, Rodrigo no entendía nada de lo que pasaba, solo podía mirar en todas direcciones tratando de encontrar una explicación, el cuchillo de aquel joven estaba en lo alto mientras el corazón de ese pobre hombre parecía dar sus últimas palpitaciones, pero a veces el creador decide jugarle sucio a los dueños de sus destinos.
Una detonación de arma de fuego sonó, y cuan reflejo de aquel que vive en la zozobra, todos los presentes se arrojaron al suelo.
Los disparos no cesaron y el primero en reaccionar fue aquel hombre quien conservaría su vida un día más, regreso sobre sus pasos esperando huir de aquel enfrentamiento, la oportunidad de ser ascendido a homicida parecía escurrirse entre los dedos de aquel conocido ladrón.
Pero amigo solo es quien cuida, y Rodrigo no tenia de esos, uno de sus tan apreciados compañeros, señalo al joven quien tirado en el piso veía como los ojos del aspirante brillaban ante su nueva presa, tomo el cuchillo y al dilucidar su intención Rodrigo escapo tan rápido como pudo.
Aquel conocido ladrón le persiguió, corría con gran velocidad, pero el joven era impulsado por el pánico, pero el miedo siempre nos encierra y nos hace presa fácil.
En una curva que el chico dio para tratar de huir, choco con un hombre grueso de cabellos rubios y ojos azules, cuya estatura era tan imponente como el rifle que llevaba en mano.
El hombre lo vio, lo apunto con un dedo y con una voz grave y potente dijo.
- No es un buen momento para jugar.
El chico con lágrimas en los ojos no pudo articular palabra, y detrás de su atemorizada figura apareció el aspirante seguido de sus admiradores insidiosos.
Rodrigo quien estaba aterrorizado, vio a su atacante, pero este ya no parecía tan amenazador, pues detrás de él estaban dos soldados, quienes en voces de alto apuntaron a todos los presentes.
Rodrigo beso el piso con una intensidad casi religiosa, mientras las balas volaban sobre él, el hombre rubio abrió fuego contra los soldados y estos respondieron, el fuego cruzado convirtió al aspirante de homicida y a sus fieles seguidores en triste cadáveres ensangrentados, cuyas convicciones se derramaban sobre el piso como la sangre que salía de sus agujeros de bala.
Rodrigo miraba fijamente al piso, y escucho los gritos de varias personas, no se atrevía a mirar, y de pronto silencio.
Todo fue tan cayado que pudo escuchar el latido de su corazón, todo estaba tranquilo y su propósito en la vida ya no parecía tener importancia, una mano fuerte y uniformada lo incorporo sobre sus rodillas y con una voz disfrazada de amigable pregunto.
- ¿Te encuentras bien?
Los ojos de Rodrigo se enfocaron en los ojos del soldado, no vio vida en ellos, y busco refugio en aquellos ojos que aun tenían, pero los ojos agónicos no son buen refugio para un corazón asustado.
La mirada de aquel que era su amigo, de ese que propuso a Rodrigo como la victima del asenso del conocido ladrón, ahora pedían compasión, Rodrigo vio como la vida se escaba de entre los ojos de un triste joven y un trauma lo apago.
Los soldados trataban de hacerlo volver en sí, pero al prestarle atención al chico descuidaron el horizonte.
Una bala los puso sobre aviso, cuando su compañero cayó muerto, el sobreviviente pudo tomar al chico y ponerse a cubierto, las balas volaban en dirección a su escondite mientras el por radio balbuceaba.
- Oficial caído, oficial caído, refuerzos de inmediato estoy bajo ataque.
En una hora todos podemos perder la vida, pero en tres horas incluso la esperanza comienza a desfallecer, eso pasa por la mente al finalizar la tercera hora.
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