
SEGUNDA HORA.
La gente entiende que cuando las garantías se rompen todos están en libertad de hacer lo que quieren, pero olvidan que no solo pueden hacer, también pueden recibir.
Juan el carnicero, tenía una gran variedad de cuchillos en su casa, y una inmensa obsesión por Gloria, el jamás pensó que esas dos cosas tuvieran relación, hasta esa noche.
La noticia de la tarde era que las garantías estaban suspendidas, nadie saldría de su casa y los negocios cerrarían temprano es noche, él como todo caballero fue a ofrecer su protección a la damisela, pero ella lo rechazo amablemente.
Ella pensaba que él era un gran hombre, pero no tenía ninguna intención de que fuera su hombre, lo que ella no sabía, es que las negativas en los corazones inestables, causan malas consecuencias.
El hombre fue rechazado, y como lobo herido volvió a su casa a ver televisión.
Cuando ya la noche caía, Juan comenzaba a sentirse algo solo, igual que todas las noches, trataría de consolarse a sí mismo y luego tal vez dormir bien.
Pero esa, no era como todas las noches.
Mientras estaba sentado en su sofá, estallo una lluvia de sonidos, era como una guerra que acababa de iniciar en la calle del su barrio, pero se oía algo lejos no había nada de qué preocuparse, dos hombres discutían afuera pero esto también era cotidiano.
Mientras escuchaba el lejano enfrentamiento, noto un reflejo parpadeante en la pared, uno de esos reflejos que no notarias de estar quieto, pero a Juan comenzaba a sacarlo de quicio.
Se levando de su sofá, para buscar al responsable de ese desquiciante reflejo, y lo hallo colgado en la pared de su cocina, era un cuchillo grade y ancho que mostraba la luz de un farol descompuesto, cuando intento acercarse a el cuchillo para descolgarlo lo vio.
El cadáver de un guardia nacional ensangrentado en la calle, que había pasado, si el enfrentamiento era tan lejos, porque ese cuerpo estaba allí, su mente comenzó a divagar.
- un guardia nacional muerto, esto traería grabes consecuencias, seguramente irrumpirán en mi casa, pero yo no tengo nada de qué preocuparme, no he hecho nada, y aunque lo hubiera hecho hoy no hay garantías.
Esa palabra hiso que el peso de su cuchillo se notara aun mas, hoy nadie podía estar seguro, estaba cansado de recibir negativas, tal vez con un incentivo ella pueda entender que él era el hombre para ella.
Tal vez el miedo le abra los ojos y le muestre que debe estar a su lado, seguramente así será.
Su lógica le parecía racional, el miedo del enfrentamiento que había fuera se esfumo por la posibilidad de tenerla a ella, (no esta tan lejos) pensaba (no es tan difícil) se repetía, y así comenzó su prueba.
Salió de su casa y camino rápido pero en silencio a casa de Gloria, cuando por fin estuvo frente a su puerta pensó en derribarla, pero no era lo más prudente, ella aun lo consideraba un amigo, el solo venia a ver como estaba, todo estaría bien, escondería el cuchillo en su espalda y ella lo invitaría a pasar, luego, seria suya.
Su plan era perfecto.
Ring, ring.
Sonó el timbre de aquella casa pero algo inesperado paso.
- Si diga.
Respondió la puerta, pero con un tono diferente al esperado, no era un tono femenino y delicado, era un tono varonil y fuerte, Juan perdió los estribos y grito a todo pulmón.
- GLORIAAAA.
La puerta, se abrió y gloria apareció escoltada por un hombre sin camisa más alto y de contextura atlética.
- Estas bien Juan…
Pregunto la chica ingenua antes de ver como el carnicero cortaba en el pecho a su acompañante, el hombre se tambaleo y cayó de espaldas, tenía un corte diagonal en el pecho que comenzaba a sangrar por montones, Juan miraba con ira a Gloria y le preguntaba casi balbuceando.
- ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué?
Ella retrocedía bañada en lagrimas, no entendía nada de lo que pasaba, su miedo era tan profundo que no pudo caminar mas y se desplomo, el carnicero se acercaba lentamente y sus ojos pasaron de ira a lujuria en un santiamén, ella asustada intento gritar pero nada pasaba, Juan estaba casi sobre ella, cuando sintió dos brazos fuertes que se posaban en su cuello para tratar de detenerlo.
En el forcejeo se cayeron, y el cuchillo de Juan rodo por el suelo, el hombre quien estaba herido, comenzó a golpear el rostro de su atacante, Juan recibía mucho daño, ya casi perdía la conciencia, pero él no podía perder esta oportunidad, tomo por el cuello a aquel joven, y comenzó a estrangularlo, el chico trataba de defenderse pero el carnicero era fuerte, luego con un rápido movimiento de tronco, lo desplazo, quedando Juan como el dominante y tomándolo por la cabeza comenzó a golpearlo contra el piso, con cada golpe sentía como su cráneo se fracturaba, su sangre se escurría por los dedos, y una mancha enorme se hacía más grande con cada impacto de la cabeza de aquel hombre, un enorme charco fue lo que quedo cuando Juan se disponía a terminar su plan inicial.
Busco con los ojos en la habitación a su blanco principal y la encontró de espaladas y arrodillada viendo hacia la puerta, se acerco a ella con el fin de tomarla por el hombro y cuando empezó a decir algo su garganta fue desgarrada por el cuchillo que el mismo había llevado.
La muchacha no veía hacia la puerta buscaba el cuchillo para dar fin a las terrible charada que había empezado su supuesto amigo, mientras Juan convulsionaba, ella tomaba el cadáver de su difunto amante y lloraba, pedía que despertara y aquel cuerpo inerte soltó un extraño sollozó, ella creyó que estaba vivo, y con su bata ensangrentada salió a la calle en busca de alguien quien pudiera salvarlo, gritaba y pedía ayuda desesperadamente, mientras su vida llegaba a su fin.
Mucha gente no sabe manejar las desgracias ajenas, pero nadie puede manejar las propias, dos horas han pasado, y aquel lugar se tiñe del rojo de la desesperación, dos horas y aun el final no se disipa en esos charcos de sangre.
Mucha gente aun veía desde afuera aquella calamidad, pues la segunda hora ya ha pasado.
