
Día 33
He pospuesto esto ya mucho tiempo, tarde o temprano tendría que hablar sobre este tema, y no soy ninguna clase de cobarde para huir de él, lo que empecé diciendo en este diario fue “la verdad de hoy no es siempre la verdad que me acompaña”, hasta hora eso es una ley en mi vida, una de las pocas cosas que conservo.
Mi abuela hacia mucho énfasis en que las personas son como estandartes de guerras, cada uno dice en sí mismo de donde viene, esa filosofía es la que más me ha costado entender, pues fue lo último que me enseño voluntariamente, a pesar de no poder hablar como se debía ella lo intento, intento dejarme claro que mi estandarte soy yo, que esa es mi marca, y donde camine, donde mis canticos se oigan allí estará mi persona, “los ejércitos pueden ser imponentes, y sus cuernos pueden tronar en lo más profundo de los corazones pero solo sabes quién es, al ver su estandarte, su insignia su bandera”,
Solía enojarse porque en este país nadie respeta el valor que le da la bandera a las personas, y se hubiera muerto de la ira al ver a su propia sangre dejar caer su marca en el frio lodo del olvido, no tengo forma alguna para disculparme con ella, pues no creo en el cielo, quisiera creer para tener la esperanza de pedir perdón por mi falta, pero para mí, algo así es imposible.
Todos y cada uno de los que se han enterado de lo que me paso, tienen una teoría diferente de por qué me ocurrió, algunos la dicen abiertamente en forma de reproche, otros las convierten en compresión y palabras de ánimo, yo no sé por qué sucedió aquello, solo sé que el único culpable, soy yo.
Mi estandarte, mi bandera fue pisoteada por mi propia suela, al darle la espalda a lo que soy, fui transformado en algo que no existe en mi, solo por una falsa promesa de éxito, tan débil y falsa como el humo donde fundí los cimientos de mi esperanza, tan podrida como el piso donde deje mi insignia, mi abuela estaría gravemente decepcionada de mi, por mi perdida de personalidad, por mi falta de pericia, por la ausencia de sangre, porque solo una persona sin la menor gota de sangre en las venas es capaz de ceder a peticiones ilusas sin recibir una correcta remuneración.
“La ayuda es incondicional, la esclavitud es invisible”.
Yo cedí a las cadenas de la costumbre, solo para que ella me estrangulara, me hiciera vomitar todas mis expectativas de vidas, y tener que recogerla del mismo suelo donde deje mi bandera, no estoy triste por haber sido engañado, estoy furioso por verme en un espejo y ver el remedo de persona en el que me había convertido sin propósito, si espíritu, sin vida.
Ser engañado está bien, pero aceptar el engaño no es más que debilidad, todos tenemos un poco de débil en nuestro interior, y por seguridad debe quedarse allí, no tomar posesión de tu cuerpo y vivir tu vida bajo las expectativas que otros se plantean, solía ser un tren descarrilado, ahora soy una triste estación vacía en espera de trenes que están fuera de servicio, pero volveré al principio, pues me he perdido.
Los consejos de mis abuelas siempre me han guiado, esta vez no será diferente, y en cuanto a ti, despreocúpate yo soy más de lo que tú puedas manejar.
No te aflijas abuela. Volveré
Gracias por leer.

