lunes, 25 de abril de 2011

Un día de mi diario personal que me pareció correcto mostrar.


Día 33

He pospuesto esto ya mucho tiempo, tarde o temprano tendría que hablar sobre este tema, y no soy ninguna clase de cobarde para huir de él, lo que empecé diciendo en este diario fue “la verdad de hoy no es siempre la verdad que me acompaña”, hasta hora eso es una ley en mi vida, una de las pocas cosas que conservo.

Mi abuela hacia mucho énfasis en que las personas son como estandartes de guerras, cada uno dice en sí mismo de donde viene, esa filosofía es la que más me ha costado entender, pues fue lo último que me enseño voluntariamente, a pesar de no poder hablar como se debía ella lo intento, intento dejarme claro que mi estandarte soy yo, que esa es mi marca, y donde camine, donde mis canticos se oigan allí estará mi persona, “los ejércitos pueden ser imponentes, y sus cuernos pueden tronar en lo más profundo de los corazones pero solo sabes quién es, al ver su estandarte, su insignia su bandera”,

Solía enojarse porque en este país nadie respeta el valor que le da la bandera a las personas, y se hubiera muerto de la ira al ver a su propia sangre dejar caer su marca en el frio lodo del olvido, no tengo forma alguna para disculparme con ella, pues no creo en el cielo, quisiera creer para tener la esperanza de pedir perdón por mi falta, pero para mí, algo así es imposible.

Todos y cada uno de los que se han enterado de lo que me paso, tienen una teoría diferente de por qué me ocurrió, algunos la dicen abiertamente en forma de reproche, otros las convierten en compresión y palabras de ánimo, yo no sé por qué sucedió aquello, solo sé que el único culpable, soy yo.

Mi estandarte, mi bandera fue pisoteada por mi propia suela, al darle la espalda a lo que soy, fui transformado en algo que no existe en mi, solo por una falsa promesa de éxito, tan débil y falsa como el humo donde fundí los cimientos de mi esperanza, tan podrida como el piso donde deje mi insignia, mi abuela estaría gravemente decepcionada de mi, por mi perdida de personalidad, por mi falta de pericia, por la ausencia de sangre, porque solo una persona sin la menor gota de sangre en las venas es capaz de ceder a peticiones ilusas sin recibir una correcta remuneración.

“La ayuda es incondicional, la esclavitud es invisible”.

Yo cedí a las cadenas de la costumbre, solo para que ella me estrangulara, me hiciera vomitar todas mis expectativas de vidas, y tener que recogerla del mismo suelo donde deje mi bandera, no estoy triste por haber sido engañado, estoy furioso por verme en un espejo y ver el remedo de persona en el que me había convertido sin propósito, si espíritu, sin vida.

Ser engañado está bien, pero aceptar el engaño no es más que debilidad, todos tenemos un poco de débil en nuestro interior, y por seguridad debe quedarse allí, no tomar posesión de tu cuerpo y vivir tu vida bajo las expectativas que otros se plantean, solía ser un tren descarrilado, ahora soy una triste estación vacía en espera de trenes que están fuera de servicio, pero volveré al principio, pues me he perdido.

Los consejos de mis abuelas siempre me han guiado, esta vez no será diferente, y en cuanto a ti, despreocúpate yo soy más de lo que tú puedas manejar.

No te aflijas abuela. Volveré

Gracias por leer.

jueves, 7 de abril de 2011

PRELUDIO. (hubo un tiempo)



Preludio…

Es irónico, la gente ve su día a día pasar, y ruegan porque algo salga de su rutina habitual, pero cuando esto pasa, todos pierden la cabeza, claro las situaciones que contare son perfectamente viables para perder la cabeza, porque siempre hay un tiempo para todo, hubo un tiempo donde ser amable te traía buenos resultados, y hubo un tiempo donde ser un caballero te daba a la señorita.

Pero ese tiempo pasó.

En algún lugar la seguridad era la prioridad de los gobiernos, y en algún lugar el amor por la tierra era equiparable al amor por las personas.

Pero ese lugar ya no existe.

Ahora, hay un tiempo y un lugar y de eso es de lo que les hablare.

Pues hubo un lugar, donde un presidente dijo. “tolerancia cero” y suspendió las garantías, aquel mensaje llego a un violador, que lo vio como la señal de partida, también un joven policía, recibió la primera llamada de servicio, también las puertas de aquel lugar, se serraron al son terrorífico que tocaban los corazones de los indefensos, y la vida de las personas empezaron a medirse por el estado de ánimo de las armas.

Las puertas se cerraban, las vidas llegaban al límite, los hombres se sentían dioses, y las humildes personas morían de miedo en sus hogares, no había héroes en esta historia, no había villanos, solo victimas.

Víctimas de la intolerancia y la facilidad, víctimas de la locura y la desesperación, víctimas de la más triste de las realidades.

Las cartas estaban echadas y los hombres comenzaron a moverse, las respiraciones se agitan, los corazones tocan la tonada más fúnebre que conocen, y los miedos toman posesión de los hombres.

Nueve horas son más que suficientes para marcar la historia de un lugar, para marcar un tiempo, y para que en un futuro la gente diga de forma nostálgica y triste.

Hubo un tiempo, en aquel lugar…

Solo nueve horas nos separan del más triste final,

Los relatos no se leen, se viven.

Comienza el conteo.

(Todos los sucesos relatados en este cuento corto son ficticios ese lugar y ese tiempo no existen más que en este relato, no se hace alusión a nada)

Kevin Sojo

Saber y Gloria

martes, 5 de abril de 2011


Combatientes de apatía

Quien tiene la verdad de la vida, quien no se ha sentido ahogado por sus propias desgracias, todos aquellos que no se han sentido inconformes con su vida al menos una vez, digan yo, y lo que se escuchara será un silencio perpetuo, no existe ser capaz de escapar a la tristeza, porque ella procede del interior, quien pueda desfigurar su pasado con palabras elegantes, entenderá que la nostalgia no es más que la añoranza de estar donde has estado, y donde no volverás jamás.

Miren a su alrededor y contemplen, la decadencia de sus propios actos, pues en sus furias destruyen las expectativas que otros se forjaron, quien crea que solo es responsable de su vida está en un error, pues el mundo es una unidad y tu acción daña a tu sucesor, no olviden que sus lagrimas caerán sobre el que este un peldaño más abajo, ahogando sus esperanzas y mermando su intención de continuar, nadie tiene la verdad en las manos, pero todos se empeñan en querer contarla.

Sierren la boca de una vez, porque con sus ruegos dañan el desarrollo de las almas, esas que aun tienen esperanza, esas que aun golpean las puertas esperando que se abran a su paso, esas que no tienen la necesidad de llorar, pues la alegría guía su vida, dejen las quejas para su conciencia y no rompan las esperanzas de eso que usan su virtud para avanzar, pues los demás no tienen la culpa de su desgracias, disfruten solos de su soledad y no arrastren las risas de los mas afortunados a un mar de silencios infinitos, donde morirán siendo aplastados por las penas de los que tristemente, creen que el mundo gira a su alrededor.

Este mundo pertenece a los valientes, a los que ven luz en la cueva más oscura, a los que ven bendiciones en la palabras de odio, a los que ven paz en las alamas mas desdichadas, quien les dio autoridad para decidir el futuro de otros, quien dijo que debíamos ser perdedores aquellos que soñamos, quien dio luz verde a los destructores de metas.

Solo pido comprensión, para los quien en su futuro ven alguna gratificación pues ellos no son culpables de las desgracias de los otros, pido a quien escuche, que por favor abra los ojos, y permita continuar en su camino a aquellos que nacieron para la grandeza.

saber y gloria.

Kevin Sojo