miércoles, 15 de junio de 2011

Primera hora


- - Alejandro, tenemos una llamada, tu primera llamada y con las garantías suspendidas, que mala suerte tienes.

El joven se vistió con mucha más lentitud de lo normal, las personas lo apuraban y le daban palmadas en la espalda, eso lo reconfortaba, parecía ser que el estar nervioso era normal, pero y tener malos presentimientos ¿lo seria?

Un convoy con diez soldados de la guardia nacional, se dirigía a patrullar el sector 6, el peor de todos los sectores, pero probablemente no pasaría nada, las garantías estaban suspendidas, nadie se atrevería a sacar de quicio a un soldado esta noche, o al menos eso pensaban los chicos.

Alejandro miraba en todas direcciones, su nerviosismo era tan grande que podía palparse, su superior lo tomo por el hombro y con voz solidaria dijo.

- - Cálmate muchacho, solo patrullaremos tres horas, y luego cambio de guardia, ¿qué puede pasar en tres horas?

El camión se detuvo y los oficiales bajaron, se dividieron en grupos de dos, para abarcar más espacio, ese era el procedimiento habitual.

Pero esta situación no era habitual.

Con Alejandro iba su superior, aquel que pregunto que podía pasar en tres horas, después de 20 minutos caminando y observando una detonación sonó, seguido por el radio que citaba.

- Oficial herido, oficial herido, necesitamos apoyo.

Los dos miembros se vieron la cara pero solo uno hecho a la carrera, al darse cuenta que Alejandro estaba petrificado se giro camino lentamente hacia él y dijo.

- - ¿Qué te pasa? Tus compañeros necesitan ayuda mueve el culo maldita sea.

Pero esa fue la última palabra que el valiente superior diría, quizás porque nadie lo escucharía jamás, o quizás porque un cuchillo de más de treinta centímetros había atravesado su garganta, la sangre corría como un rio embravecido y sus palabras se ahogaban en un chapoteo rojizo, tras él un joven, no más de 15 años miraba a Alejandro fijamente para después decirle.

- - Mi papa me explico que sin garantías, nadie puede culparme por matarlos.

Alejandro dio un grito ahogado y corrió en dirección opuesta, no podía correr tan rápido como quería porque, algo le pesaba demasiado en la espalda, pero no se detendría a ver que era.

Las casas parecían interminables, y la línea recta prevalecía, el no sabía que mas hacer pero de repente algo lo hiso mirar hacia atrás, al girar vio al mismo chico que asesino a su superior, sonriendo mientras caminaba hacia él, solo que esta vez no tenía un cuchillo en sus manos, lo que brillaba bajo la luz de los faroles no era otra cosa que el arma de reglamento de su difunto superior.

El miedo invadió frenéticamente a desdichado Alejandro, tanto que corrió por una pequeña abertura que dejaban dos casas mal construidas, la abertura se hacía pequeña y pequeña cada vez más, y el peso que aquel miedoso oficial llevaba en la espalda, casi no lo dejaba respirar, empujo con todas sus fuerzas y logro sacar la cara de esa abertura, pero quedo enganchado de algo entre ambas paredes, no podía ver que era pero trataba de correr y eso no se lo permitía, las amarras que aquella cosa ejercía sobre él lo estrangulaban, y casi pierde el conocimiento por la desesperación.

De pronto se volteo para ver que le impedía seguir corriendo y la imagen fue completamente aterradora, al otro lado de la diminuta zanja estaba entrando el pequeño asesino, mantenía en alto la mágnum 357 que había arrebatado al cuerpo sin vida de su superior, pero se notaba que le pesaba, el primer disparo no pego ni cerca de donde estaba Alejandro, el segundo destrozo algo de pared, el polvo lo hiso toser, pero el siguiente fue mucho más cercano, mientras más caminaba, más cerca se ubicaban sus disparos, Alejandro se volvió loco y trato a toda costa de soltar lo que lo retenía, el último disparo que dio el chico pego justo en la pared del lado donde se encontraba atrapado Alejandro, el impacto rompió la pared y Alejandro cayó al piso, sintió un golpe seco en el estomago pero no vio que era, estaba muy concentrado en su ejecutor.

El chico sonriente alzo el arma y se dispuso a disparar, pero el martilleo no genero nada, el revólver se había quedado sin balas, el chico maldijo por lo bajo, de uno de los bolcillos saco el enorme cuchillo con el que había asesinado al superior de Alejandro, y sonriente en una sombra perpetua que solo dejaba ver sus dientes lo levanto para clavarlo en el cuerpo de Alejandro.

El miedo de Alejandro llego a alturas insospechadas, pero un ruido metálico lo hiso reaccionar, al abrir los ojos miro su arma asignada para la patrulla, aquel peso que lo retenía, no trataba de detenerlo lo incitaba a combatir.

Giro como cientos de veces lo había practicado, pues el contacto con su arma le había recordado su entrenamiento, tomo la pistola el chico dejo de sonreír y sin meditarlo jalo del gatillo, el sonido fue estruendoso pero Alejandro solo miro el cuerpo del chico cayendo al suelo sin oír nada más que el latido de su corazón.

Al ver el cuerpo del desplomado niño, se dejo caer recostado de una pared, pensó en lo que había sucedido y el cuerpo sin vida de su superior, empezó lentamente a notar lo sonidos cuando uno lo llamo a la acción.

- Los refuerzos no llegan nos están masacrando, maldita sea manden los refuerzos.

Alejandro el cobarde murió con esas palabras y el que se levanto de esa triste zanja fue Alejandro el soldado, esa noche cargaría con la muerte de su superior y solo con ella, una nueva determinación había nacido, la primera hora había pasado.

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